About the sorrow

…sobre Hans Lemmen

Lemmen - ARTIZAR

De la mano del artista Hans Lemmen se desarrollan en Artizar verdaderas fábulas acerca de la pena y la melancólica suerte del ser humano en las vastas llanuras de sus obras. La galería presenta sus últimos trabajos en papel junto con dos obras acabadas en su reciente estancia entre los paisajes de Tenerife y de los cuales quedó fascinado.

No podemos reducir la obra de Lemmen a cuatro o cinco elementos repetitivos, pero sí es cierto que todos sus dibujos son representativos de su plástica e inmediatamente identificables. Esto se debe a los espacios sugeridos y desvahídos y sus arquitecturas desvanecidas entre robustos troncos que emergen de las planicies de sus paisajes. La obra de Lemmen no es paisajística pero contiene un fuerte deseo de instalarse en los parámetros de la naturaleza. Esas variables geográficas se rigen por la estancia casi ridícula del Hombre en la tierra y esos cuellos de animales cercenados en las obras.

Hans Lemmen - ARTIZAR (21)La representación del paisaje para este artista parece continuar un discurso racionalista. Árboles como folículos plantados, cultivados de manera programada, suponen  la síntesis demoníaca del jardín francés, o la representación de una sociedad a pleno control. Este uso del paisaje recrea la pérdida del instinto,  y en ocasiones puede percibirse un emergente fuego purificador, pues demasiados árboles estiran sus ramas, golpean las ventanas e intentan entrar y allanar ese control, “Se mueven cuando anochece, los he visto. Se arrastran lentamente hacia la casa”, señalaban en la película Escalera de caracol.

Los habitáculos sencillos y cálidos de las cabañas son el signo de la seguridad, espacio salvador cuando anochece. El árbol inmóvil espera el caer de la oscuridad. Es una analogía del cuerpo humano como animal decapitado convertido en un elemento simbólico. El lenguaje  como forma de comunicación es una costumbre, en Hans Lemmen, esa costumbre es la de ser cabeza, que acaba como un canto rodado colina abajo. Los surcos del vacío se asemejan a las líneas de los árboles. Esos surcos en el animal son la representación del Hombre perdido, espiritualmente indefenso. Situado en una tierra tanto real como mítica ¿son signos de terror éstos? Es la generación de sentimientos muy intensos concentrados en el núcleo-cuerpo mismo de las mitades separadas. Es la separación imposible de esas mitades lo que genera turbación e indisposición.

En ese paisaje existen demasiados árboles, demasiados animales y unos pocos hombres. Hombres que en su desnaturalización crean una profunda brecha y cortadas quedan las raíces/cuellos que les unen a la tierra. El corte llega cuando se percibe una amenaza que va dirigida a la comodidad de la vida urbana.  Cortado esas raíces quedan a través de la expresión, de la impronta estética del imaginario sólido y reiterado del artista.

Esta exposición también es resultado del conocimiento de otros parajes, de paisajes que no están habitados. Hay cabañas solitarias rodeadas de troncos que apuntan hacia el cielo pero de las que jamás se ven las copas, lo que hace pensar en su mortalidad y  que bien pueden presagiar esos cuellos-troncos cortados, esas jaulas en las que se convierten las cajas de papel y que cercan a animal sin cabeza.OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Todo en Hans Lemmen huele a historia inanimada. El paisaje se detiene no de un modo contemplativo sino expositivo, por lo que el flujo de la acción pregnante se interrumpe para echar un vistazo en un entorno amenazado por la deshumanización, no como presencia sino como valor empático. La fuerza de las imágenes viene rápidamente de las profundidades de esos bosques grises, como emanaciones artísticas. La obra de Lemmen es muy heterogénea en cuanto a formatos, pero el espíritu humano/animal permanece en una relación dramática que recorre los vastos contenidos de la obra.

El creador libera la falta de claridad de la que adolece la información ambigua que recibimos a diario en cualquier medio, desde la comunicación verbal a la visual. Libera el espíritu humano que de manera evolutiva tiende a la destrucción, y lo instala en la órbita empática de la acción vivida. Sus figuras son ese futuro casi utópico con raíces en sus espacios habitados, es un hombre primitivo pero no está indefenso, es un hombre que recupera el instinto. Sólo este sujeto es capaz de percibir “la cosa en sí” –la naturaleza real de las cosas- que el hombre contemporáneo no es capaz de sentir. Hans Lemmen propone un volver al instinto que adopta naturalmente las formas del entorno y prescinde de uso único del lenguaje del Hombre actual.

En papel Lemmen gana, se sobrepasa a sí mismo y su mirada es aún más escrutadora. Despoja a sus obras de valores puramente autorreferenciales, vistiéndolas de la culpa misma. El artista representa realidades que no existen todavía pero que son inminentes. Por eso es fascinante detenerse a observar el primer vistazo que un extraño realiza sobre su obra, pues su mundo circundante se puebla de troncos y pequeñas cabañas, de cortes dolorosos de animales, de figuras humanas desnudas, generando la necesidad de tridimensionalidad, de adentrarse en ese paraje imaginario. Y el anhelo violento de talar todos los cuerpos que no le dejan ver, esta es la necedad del hombre. La destrucción como modo de destapar la culpa, la pena y la tristeza.

Dalia de la Rosa

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